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Historia de Kenia

 HISTORIA: LA CUNA DE LA HUMANIDAD

Las primeras huellas humanas que quedaron marcadas en tierra keniana fueron impresas en el año 2000 a.C. por tribus nómadas de Etiopía. Un segundo grupo apareció unos mil años más tarde, y ocupó gran parte de la zona central del país. Otros antepasados de las tribus que pueblan el país emigraron de todos los puntos del continente entre el 500 a.C y el 500 d.C. Las tribus de habla bantú (como los gusii, kikuyu, akamba y meru) llegaron del oeste de África mientras que los pueblos de habla nilótica (masai, luo, samburu y turkana) procedían del valle del Nilo en el sur del Sudán. Con la migración hacia el interior, los musulmanes de la península Arábiga y los shirazis de Persia (actualmente Irán) se establecieron en el litoral del este de África a partir del siglo VIII.

Atraídos por el aroma de las especias y el dinero, los portugueses aparecieron por la región en el siglo XV. Tras aventurarse cada vez más lejos por la costa occidental africana, Vasco da Gama dobló finalmente el cabo de Buena Esperanza y empezó a remontar el litoral oriental del continente en 1498. Siete años más tarde, se inició el saqueo de Kenia. En el siglo XVI, casi todas las localidades comerciales de los suahili, incluida Mombasa, habían sido asaltadas u ocupadas por los soldados lusos, marcando el fin del monopolio árabe sobre el comercio del océano Índico. Los portugueses permanecieron largo tiempo en la zona, aplicando un duro régimen colonial, y enfrentando a los sultanes entre sí. Pero su dominio fue siempre algo inestable ya que sus expediciones debían abastecerse en Goa, en la India. Los árabes recuperaron el control de la costa en 1720.

Durante el resto del siglo XVIII, las dinastías omaníes provenientes del golfo Pérsico iniciaron sus incursiones a lo largo del litoral oriental africano. Los estragos de la época portuguesa y las rencillas constantes entre los gobernadores árabes acarrearon un declive en el comercio y en la prosperidad de la zona, por lo que las superpotencias económicas (Gran Bretaña y Alemania) no tuvieron demasiado interés en apoderarse de esta porción del este de África hasta mediados del siglo XIX.
Con los europeos recorriendo inesperadamente todo el continente africano en busca de fama y fortuna, incluso el inexplorado territorio interior de Kenia fue invadido. Hasta la década de 1880, el valle del Rift y las tierras altas de Aberdare seguían siendo el hogar de la orgullosa tribu guerrera de los masai. A finales del siglo XIX, estalló una guerra civil entre las dos facciones opuestas de este pueblo y sus consecuencias se tradujeron en enfermedades y hambrunas que diezmaron la población. Los británicos aprovecharon esta circunstancia para negociar un tratado con el laibon (jefe o líder espiritual) de los masai, e iniciar las obras de la vía férrea entre Mombasa y Uganda, que atravesaba las tierras de pastoreo.

A partir de este momento, la decadencia de esta tribu ya sería imparable. Los colonos blancos reclamaban cada vez más tierras fértiles, y los masai fueron confinados en reservas cada vez más pequeñas. A los kikuyu, un pueblo bantú de agricultores procedente de las tierras altas al oeste del monte Kenia, también les expoliaron grandes extensiones de terreno.

Los asentamientos blancos a principios del siglo XX fueron inicialmente desastrosos, pero, una vez se dignaron a conocer superficialmente las características de la tierra, los británicos consiguieron fundar una colonia aceptable. Otros colonos europeos establecieron pronto sus plantaciones de café, y en la década de 1950 la población de blancos se elevaba ya a unas ochenta mil personas. Sin muchas más opciones que la de adaptarse a la economía implantada por los europeos, tribus como los kikuyu mantuvieron, sin embargo, una férrea oposición. Harry Thuku, uno de los primeros líderes de la asociación política de los kikuyu, fue encarcelado por los británicos en 1922. Su sucesor, Johnstone Kamau (más tarde Jomo Keniatta) sería el primer presidente del país tras su independencia.

Con la creciente oposición al régimen colonial, surgió la Unión Nacional Africana (KAU), que formuló sus demandas de forma cada vez más contundente. Otras sociedades similares pronto unieron sus voces reclamando la libertad, incluyendo la de los Mau Mau, cuyos miembros (principalmente kikuyu) prometieron expulsar a los colonos blancos de Kenia. Pero estos activistas fueron definitivamente derrotados en 1956, terminando así su rebelión con un balance de más de 13.500 muertos entre guerrilleros, civiles y soldados, y sólo algo más de cien bajas europeas.

Keniatta pasó años encarcelado o en arresto domiciliario, pero fue liberado en 1961 y se convirtió en el líder de la reencarnada KAU, la Unión Nacional Africana de Kenia (KANU). La independencia llegó de su mano el 12 de diciembre de 1963, y bajo su presidencia, el país se convirtió en una de las naciones más estables y prósperas del continente. Tras la muerte de Keniatta, en 1978, se alzó al poder Daniel Arap Moi, miembro de la tribu tugen.

El mandato de Moi se caracterizó por las escisiones y la discordia. Sumamente reacio a las críticas, propició el desmantelamiento de las sociedades tribales y los disturbios en las universidades. En 1982, un intento de golpe de estado por parte del ejército del aire fue aplastado por miembros leales al presidente. Las fuerzas aéreas fueron desmanteladas y sustituidas por una nueva formación militar. Con los vientos de pluralismo democrático que barrieron el continente a finales de los años ochenta y principios de los noventa, la comunidad internacional suspendió las ayudas a Kenia.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los principales donantes de ayuda exigían que cesara la represión y se relajara el bloqueo político de Moi. Éste accedió a las demandas, pero vio con satisfacción cómo la oposición minaba sus propias opciones en las elecciones de 1993. El Forum para la Restauración de la Democracia (FORD) fue incapaz de encontrar un líder de consenso, y se dividió en tres partidos distintos. Moi se benefició de esta situación y ganó las elecciones al obtener la tercera parte del voto total.

En 1995 se fundó un nuevo partido, en un intento de unificación de la escindida oposición. Era el Safina, creado por Richard Leakey, un famoso antropólogo, defensor de los elefantes y activista político. A pesar del acoso casi constante por parte del gobierno, Safina ha registrado ciertos progresos.

A finales de 1997, se celebraron nuevas elecciones. A pesar de recurrentes denuncias de fraude electoral e intimidación de los candidatos de la oposición, una vez más Moi ganó por un estrecho margen, con poco más del 40% de los votos. Aunque prometió acabar con la corrupción en el gobierno, el país parecía sumido en una atmósfera de resignación.

Desde 1997, el país ha sufrido importantes inundaciones, epidemias de cólera y de malaria, diversos conflictos étnicos y una mayor sequía. El HIV continúa siendo uno de los principales problemas. En agosto de 1998, grupos terroristas bombardearon las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y en Dar es Salaam (Tanzania), con más de 250 muertos y más de 5.000 heridos, ilustrando así la vulnerabilidad de Kenia ante la creciente agitación social y política. Precisamente cuando la situación parecía mejorar, tuvo lugar un atentado suicida en un hotel al norte de Mombasa en noviembre de 2002. A finales de este mismo año, Moi decidió retirarse con una generosa paga de jubilación. En las elecciones de diciembre de 2002, el KANU fue derrotado por la Coalición Nacional Arco Iris (NARC), liderada por Mwai Kikabi, hecho que provocó un sentimiento de optimismo en el país. 

En 1911, el entomólogo alemán Kattwinkel cayó por un barranco mientras perseguía una extraña mariposa. El lugar era la garganta de Olduvai, en el Serengeti. La caída fue dura, pero el científico salvó su vida milagrosamente y levantó la vista. Sólo un científico habría apreciado que aquella pared rocosa era un extraordinario yacimiento fosilífero... Y este hecho cambió la concepción que el hombre tenía de su propio origen. Para contar la historia de Kenia hay que comenzar por el principio, por los albores de la humanidad.

Lamarck, Darwin, Wallace, Huxley, Haeckel,... Grandes nombres de la ciencia cuyas pioneras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural revolucionaron la ciencia victoriana del siglo XIX, al sugerir un antepasado común para el hombre y los actuales primates, en contra de la concepción bíblica de la naturaleza humana que defendía una Creación única. Ernst Haeckel postuló la existencia de un mono-hombre, el Pithecanthropus, que habría habitado un continente hundido llamado Lemuria, cercano a la India.

La búsqueda del "eslabón perdido" entre el hombre y el simio obsesionó al antropólogo holandés Eugène Dubois, quien aportó las primeras pruebas de la existencia del Pithecanthropus con su descubrimiento en 1893 del Hombre de Java, al que denominó Pithecanthropus erectus. El pensamiento de la época, basado en estas primigenias pruebas y en la hipótesis de Lemuria, situó el nacimiento del hombre en el continente asiático. Mientras tanto, Kattwinkel daba su famoso traspiés, pero no fue hasta 1924 que la teoría de Darwin, que situaba en Africa la "cuna de la Humanidad", comenzó a encontrar apoyo empírico. En este año, Dart y Broom descubrieron en Sudáfrica los restos fósiles de un prehomínido, el Australopithecus africanus, cuya edad se remontaba a 2 millones de años, un millón de años más antiguo que el mono-hombre de Dubois. Nuevos hallazgos comenzaron a dibujar la estirpe de este nuevo género, cuya posible ubicación en la línea antecesora del hombre moderno continuó generando controversia durante el primer tercio del siglo XX.

En 1931, el Dr. Louis Leakey y su prometida Mary, keniatas de origen británico, emprendieron un estudio exhaustivo del yacimiento de Olduvai que culminó, en 1959, con el descubrimiento de 400 fragmentos del cráneo de un pre-homínido, el Zinjanthropus boisei. Los restos adyacentes sugerían que el Zinjanthropus era realmente un primate evolucionado, capaz de trabajar la piedra para fabricar utensilios. En 1961, la edad del Zinjanthropus -posteriormente incluido en el género Australopithecus- fue datada en 1,75 millones de años. Fue la primera evidencia de la presencia de los prehomínidos en el oriente africano, a la que siguió otra de enorme relevancia: en 1960, los Leakey hallaron los restos del Homo habilis, un homínido evolucionado capaz de tallar hachas de piedra, cuya edad se estimó en 1,4 millones de años.

Las décadas de los 70 y los 80 presidieron una explosión en el conocimiento paleoantropológico. Mary Leakey describió las huellas y fósiles de homínidos de 3,6 millones de años de antigüedad que habitaron la zona de Laetoli, cerca de Olduvai. Por otra parte, su hijo Richard, con la colaboración del paleontólogo keniata Bernard Ngeneo, exploró la zona de Koobi Fora, junto al Lago Turkana, descubriendo restos de Homo habilis de 2 millones de años de antigüedad. Más al norte, Don Johanson y Tim White desenterraban en Etiopía parte del esqueleto de Lucy, una Australopithecus de 3,5 millones de años de antigüedad, que se convertía en la especie más primitiva de los australopitécidos conocida hasta entonces: el Australopithecus afarensis. Diez años más tarde, en 1984, Richard Leakey conseguía reconstruir casi por completo el esqueleto de un Homo erectus, el famoso "niño de Turkana", un homínido de 1,6 millones de años de edad, más evolucionado de acuerdo a su capacidad craneal y antes considerado un posible antepasado directo del Homo sapiens sapiens, el hombre actual. El Pithecanthropus de Dubois fue asimilado a esta misma especie.
Al mismo tiempo que se describían nuevas especies de australopitécidos y se trataban de ordenar las piezas del rompecabezas, las investigaciones permitían dibujar un panorama aún difuso. Hasta hace sólo un millón de años, los homínidos y prehomínidos habitaban exclusivamente en el sur y este de Africa. Las dos principales ramas evolutivamente divergentes, Australopithecus y Homo, coexistieron hasta que el Australopithecus, más primitivo, se extinguió. Hace un millón de años, algunos grupos pioneros de Homo erectus emigraron hacia Asia. Durante estas primeras migraciones, un Homo erectus llegó junto a la ribera del río Solo, en Java, para morir y ser descubierto un millón de años después por un científico curioso y emprendedor llamado Eugène Dubois.

Los descubrimientos más recientes no cesan de sorprendernos, empujando los orígenes de los prehomínidos aún más hacia atrás en la historia. En 1994, Tim White y Berhane Asfaw dataron en 4,4 millones de años los restos de una nueva especie hallada en Etiopía, el Ardipithecus ramidus. Un año más tarde, en el yacimiento de Turkana, Meave Leakey, esposa de Richard, en colaboración con Alan Walker, descubrió el que es hasta hora el más antiguo de los australopitécidos, A. anamensis, un venerable anciano de 4,2 millones de años de edad considerado el antecesor del A. afarensis. En noviembre del año 2000, un equipo franco-keniata liderado por los doctores Martin Pickford y Brigitte Senut encontró en Kapsomin, en las colinas Tugen del distrito de Baringo, restos de homínidos fosilizados en estratos de roca de 6 millones de años de antigüedad.

En cuanto a los orígenes del hombre moderno, Homo sapiens, nuestros primeros padres vieron la luz hace unos 100.000-140.000 años y poblaron el planeta entero. Sin embargo, la biografía de nuestros antecesores aún no está completa, ni mucho menos. Aunque el estudio de los restos fósiles cuenta hoy con el inestimable aporte de la biología molecular, el libro de la historia de la Humanidad tiene aún muchas páginas en blanco. El H. erectus, extinguido hace 100.000 años y antes considerado un antepasado directo del hombre, parece ser en realidad una vía muerta de una especie anterior, H. ergaster, quien sí fue nuestro antecesor. De esta especie derivaron probablemente los europeos H. heidelbergensis u "Hombre de Heidelberg", extinguido hace unos 200.000 años, y su sucesor el H. neanderthalensis u "Hombre de Neanderthal", que coexistió con el H. sapiens y desapareció hace tan sólo 30.000 años. Pero la línea evolutiva entre nuestro abuelo H. ergaster y nosotros es materia de discusión entre los defensores de dos teorías opuestas.

Las primeras evidencias genéticas apoyaron la hipótesis llamada "Out of Africa" también llamada de la "Eva mitocondrial", del "Arca de Noé" o del "Jardín del Edén", según la cual todos los hombres modernos tenemos nuestro origen en una pequeña población africana que vivió hace 200.000 años, y de la cual un sólo linaje materno sobrevivió. Así, todos seríamos descendientes de una única madre común, cuya herencia guardamos en nuestro ADN mitocondrial, las secuencias genéticas contenidas en la parte de la célula que suministra energía, que sólo la madre transmite a toda su descendencia. La emigración de los descendientes de esta "Eva" primigenia hacia Asia y Europa habría resultado en la extinción de los grupos locales preexistentes, entre ellos las últimas poblaciones asiáticas de H. erectus y el H. neanderthalensis europeo, sucesor del H. heidelbergensis.

Frente a la teoría de la Eva mitocondrial, los valiosísimos descubrimientos en Atapuerca (España) han prestado apoyo al modelo rival, llamado "multirregional" o "de candelabro". Según esta hipótesis, las poblaciones migratorias de H. erectus en Asia y Europa desarrollaron características anatómicas diferenciadas que persistieron en el tiempo, lo que se conoce como "continuidad regional" y que habría dado origen a las diferencias raciales entre distintas poblaciones humanas. A lo largo de miles de años, estos grupos separados evolucionaron en paralelo hacia una misma forma que hoy llamamos H. sapiens. La contribución de los hallazgos de Atapuerca a este modelo se basa en lo siguiente: en esta sierra de la provincia de Burgos, el equipo de investigación español encontró fósiles atribuidos a una nueva especie, H. antecessor, cuyos restos más antiguos datan los primeros Homo europeos hace 780.000 años. Si, como se postula, H. antecessor fue antepasado directo de todas las especies europeas de Homo, nosotros incluidos, entonces estos primeros pobladores no se habrían extinguido tras ser invadidos posteriormente por H. sapiens procedentes de Africa, como afirmaría la teoría de la "Eva mitocondrial", sino que habrían evolucionado de forma independiente hacia nuestra especie mientras los grupos asiáticos y africanos hacían lo propio.

En este apasionante contexto, y pese a que cada vez estamos más cerca de conocer a nuestros primeros padres, los paleoantropólogos no han conseguido todavía determinar qué especies pueden considerarse antepasados comunes del hombre y de los primates actuales. Aún hoy, este hombre-mono primigenio continúa durmiendo en algún lugar bajo el suelo de Africa, un continente en el que queda mucho por explorar.

Algunos fósiles encontrados al este de África sugieren que protohumanos rondaron el área de la actual Kenia más de veinte millones de años atrás. Hallazgos recientes en las cercanías del lago Turkana indican que homínidos como el Homo habilis y el Homo erectus habitaron en el territorio más de 2,6 millones de años atrás.

La historia colonial de Kenia comienza con el establecimiento de un protectorado alemán sobre las posesiones costeras del sultán de Zanzíbar en 1885, seguido por la llegada de la Compañía Británica de África Oriental en 1888. La incipiente rivalidad imperial terminó cuando Alemania otorgó sus posesiones costeras a Gran Bretaña en 1890, a condición de que ésta respetase su dominio sobre sus recientemente adquiridas posesiones en la actual Tanzania.

A partir de octubre de 1952 y hasta diciembre de 1959, Kenia se mantuvo bajo un estado de emergencia emergido de una rebelión en contra del dominio británico. Las primeras elecciones directas para africanos para el Consejo Legislativo se llevaron a cabo en 1957. A pesar de las esperanzas británicas de otorgar el mando de la nación a un grupo de líderes africanos "moderados", fue la Kenia African National Union (KANU, Unión Nacional Africana de Kenia) de Jomo Keniatta la fuerza política que formó el primer gobierno luego de la independencia de Kenia el 12 de diciembre de 1963. Keniatta se convirtió en el máximo dirigente del país en un principio como Primer Ministro y, a partir de 1964, cuando Kenia se convirtió en república, como primer Presidente de la República.
Tras la muerte de Keniatta en 1978, Daniel arap Moi lo sucedió en la presidencia. Tras un intento fallido de golpe de estado en 1982, Moi prohibió los partidos de la oposición y declaró un régimen de partido único. Las presiones internacionales llevaron al restablecimiento de una democracia multipartidista en 1991. Moi ganó las elecciones presidenciales de 1992 y 1997. En el año 2002, Moi no se podía presentar a las lecciones debido a la limitación de mandatos establecida por la constirución, y apoyó a su sucesor Uhuru Keniatta, hijo de Jomo Keniatta. La National Rainbow Coalition (Narc, Coalición Nacional del Arco Iris), que agrupaba a numerosos partidos de la oposición, liderada por el veterano político Mwai Kibaki, ganó las elecciones. Kibaki se convirtió así en el tercer presidente de Kenia.

La etapa en el poder de Kibaki ha estado empañada por los escándalos de corrupción y por los violentos enfrentamientos debidos al proyecto de nueva constitución promovido por el presidente Kibaki, que fue rechazado en referéndum el 21 de noviembre de 2005. Este rechazo al proyecto de una nueva constitución que habría concedido amplios poderes al presidente, ha sido visto como un voto de castigo al propio Kibaki y la oposición ha reclamado la convocatoria de elecciones anticipadas.


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